El lente de contacto
January 25th, 2008Brenda era una joven mujer que fue invitada a escalar rocas. Aunque esto le causaba mucho miedo, fue con su grupo a un tremendo risco de granito. A pesar de su miedo, se colocó el equipo, tomó un extremo de la cuerda y comenzó a enfrentar la roca. En determinado momento, llegó a un borde, donde pudo tomar un respiro.
Mientras estaba ahí, la cuerda de seguridad la golpeó en el ojo y se le cayó su lente de contacto. Bueno, ahí estaba ella en el borde de la roca, con cientos de metros bajo ella y cientos de metros sobre ella. Por supuesto que buscó y buscó, esperando que hubiera caído en el borde, pero simplemente no estaba la lente.
Ahí estaba ella, lejos de casa, con su vista borrosa. Estaba desesperada y comenzó a enfadarse, por lo que oró al Señor para que la ayudase a encontrar su lente. Cuando llegó a la cima, un amigo examinó su ojo y su ropa buscando la lente, pero no la pudieron encontrar. Ella se sentó, desalentada, con el resto de la gente, esperando a que los demás llegaran a la cima.
Ella miró las montañas, pensando en el verso de la Biblia acerca de que los ojos del Señor observan alrededor de toda la tierra, y pensó: “Señor, Tú puedes ver estas montañas, Tú conoces cada piedra y cada hoja, y Tú sabes exactamente dónde está mi lente de contacto. Por favor ayúdame.”
Finalmente, bajaron. Al pie de la montaña había un nuevo grupo de alpinistas comenzando a enfrentar el risco. Uno de ellos gritó: “¡Oigan, jóvenes! ¿Alguien perdió una lente de contacto?”
Esto hubiese sido suficientemente inquietante, pero… ¿Saben cómo el alpinista vio la lente de contacto? Una hormiga se movía lentamente sobre la roca, cargando la lente sobre su cuerpo.
Brenda me dijo que su padre era caricaturista. Cuando ella le contó esta increíble historia de la hormiga, la oración y la lente de contacto, él dibujó una caricatura de una hormiga cargando una lente de contacto, que decía:
“Señor, no sé por qué Tu quieres que yo cargue esta cosa. No puedo comérmela, y está extremadamente pesada. Pero si eso es lo que Tú quieres que yo haga, yo la cargaré para Ti.”
Hablamos de cargas pesadas en esta vida… Decimos a diario ¿por qué a mí? ¿Por qué tanto? ¿Qué hice para merecer esto?… En esas cargas, en ese peso, en ese sentir que nos quebramos, se esconden las grandes enseñanzas, las grandes pruebas, los desafíos… Podemos tratar de llevar esa carga y aún sintiendo que se nos doblan las piernas, tratar de resistir, de seguir… o podemos dejarnos vencer.
Todos pasamos alguna vez por una situación en la que no sabemos cómo seguir, en que las fuerzas se nos debilitan, en que queremos abandonar la lucha, dejarnos vencer. Pero no debemos hacerlo… Todo sucede por una razón, talvez incomprensible en un primer momento, pero pasado el tiempo, cuando la carga desaparece o su peso es menor y tomamos distancia, nos damos cuenta de cuánto crecimos y de la enseñanza que encerraba ese pedacito de nuestra historia. Y así tenemos que entender que todo lo que vivimos, bueno o malo, nos prepara para ser mejores personas…
“Dios no elige personas capacitadas, Él capacita a los elegidos.”
Salsabrosa (gurú de psiquealo)
